El estudio donde trabaja Encarna Morales se encuentra, literalmente, en un cráter, en el Valle de Rodalquilar (Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar), una antigua caldera volcánica rodeada de montañas con salida al mar, una mina de oro ya en desuso y unas tierras tintadas por los minerales. Este espectacular entorno almeriense siempre ha formado parte de su trabajo, de su personalidad. “Es un lugar que amo profundamente y con el que he estado emocionalmente involucrada la mayor parte de mi vida”, explica la artista, que ahora presenta su nueva colección de pinturas en el espacio expositivo de Prodigioso Volcán.
En Volcánica, la artista nacida en Madrid, pero vinculada al territorio del Parque Natural almeriense desde hace décadas, muestra el resultado de sus eternas caminatas con su teckel Marisol por un territorio de extrañas formas geológicas, resultado de la extinción del volcán hace millones de años. El rastro en forma de lava o dunas fosilizadas, de numulites de cuando fueron fondos marinos, así como los restos de eclosiones, coladas, y desplomes, “conforman un paisaje de oro y luz, como dicen por allí: el dorado de las minas que se explotaron hasta hace poco y que, como los fósiles, han dejado sus esqueletos al albur del tiempo; y la luminosidad del Mediterráneo más puro”.
En el trabajo artístico de Morales han convivido las pitas de colores, seres marinos como las tortugas y las medusas, las olas del mar, las carcasas de las chumberas que ella misma recoge en los caminos del Parque Natural. Nunca se ha encasillado, ha danzado entre la pintura y la escultura, entre la abstracción a la figuración. “Tras 30 años viviendo en una antigua caldera, conviviendo con el mineral, el viento y el mar, a veces el carácter no depende del ser humano. Entran en juego circunstancias impredecibles que hace posible una creación espontánea como la fuerza de la propia naturaleza”.